LINCHAMOS O NOS DEFENDEMOS: PADRE E HIJO Y EL ARTE DE HACER JUSTICIA CON UN PALO CON CLAVOS EN NEZA
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En la colonia Valle de Aragón, municipio de Nezahualcóyotl, Estado de México, la línea entre la seguridad ciudadana y la barbarie se difuminó por completo el pasado fin de semana. Luis Enrique «N», de 54 años, y su hijo Luis Daniel «N», de 34, fueron detenidos por elementos de la Comisaría General de Seguridad Ciudadana acusados de un homicidio que, por el nivel de violencia empleado, merece una reflexión que va más allá del comunicado oficial.
Los hechos ocurrieron mientras los policías realizaban un patrullaje de rutina. Un grupo de personas reunidas en la vía pública alertó a los uniformados señalando a dos sujetos que, según testigos, habían golpeado brutalmente a un hombre hasta dejarlo tendido sobre el pavimento . Al llegar, los agentes solicitaron apoyo médico de inmediato y procedieron a asegurar a los presuntos agresores, quienes intentaron huir a bordo de una motocicleta marca Yamaha, sin éxito .
Minutos después, los paramédicos confirmaron lo que el silencio del cuerpo ya anunciaba: la víctima no contaba con signos vitales. En el lugar fue localizado un palo de madera de casi un metro de longitud con varios clavos incrustados, el arsenal casero que, presuntamente, fue utilizado para consumar la agresión .
Pero aquí es donde la nota policiaca se queda corta y la realidad social exige un análisis más profundo. Según versiones recabadas entre los presentes, momentos antes habría ocurrido una riña entre los involucrados, lo que presuntamente detonó la agresión . Algunos testigos describen la escena con un detalle escalofriante: mientras uno de los implicados sometía a la víctima, el otro le asestaba golpes en la cabeza con el artefacto de madera y clavos . Una coreografía macabra que, vista desde la perspectiva de quienes habitan la cotidianidad del municipio, plantea preguntas incómodas.
¿Fue un asesinato premeditado o el trágico desenlace de un conflicto vecinal que nadie supo mediar? ¿Hasta qué punto la violencia comunitaria es también responsabilidad de un Estado ausente que ha abandonado a su suerte la resolución de disputas entre particulares? Porque si algo queda claro es que en Nezahualcóyotl, como en tantos otros rincones del país, la justicia institucional brilla por su ausencia y los ciudadanos han aprendido a resolver sus diferencias con lo que tienen a la mano. En este caso, un palo con clavos.
Los detenidos, padre e hijo, fueron puestos a disposición del Ministerio Público, donde se inició una carpeta de investigación por homicidio doloso . La Fiscalía General de Justicia del Estado de México definirá en las próximas horas su situación jurídica. Mientras tanto, la víctima yace en una fosa común o en una plancha forense, esperando que alguien reclame un cuerpo que, al final del día, es solo una estadística más en el interminable expediente de la violencia mexiquense.
La Comisaría General de Seguridad Ciudadana de Nezahualcóyotl reitera su compromiso con la ciudadanía de velar por su seguridad y por la impartición de justicia . Pero el compromiso no se come, no resucita muertos ni evita que el próximo conflicto vecinal termine con otro cuerpo ensangrentado en el asfalto.
La pregunta que queda flotando en el aire contaminado del Valle de México es sencilla pero incómoda: ¿cuándo dejaremos de matarnos entre vecinos y empezaremos a exigir que el Estado haga su trabajo? O peor aún: ¿será que, en el fondo, esta violencia comunitaria no es más que el reflejo de una sociedad que ha aprendido que la ley no sirve y que la única justicia posible es la que se ejecuta con las propias manos, aunque estas empuñen un palo con clavos?
